Hace poco, mirando mis notas en el iPhone mientras iba al trabajo en tren, descubrí que tenía cosas escritas de mi viaje a Asia, que realicé entre Enero y Febrero de 2009. Conforme me iba acercando a mi destino y el tren iba diciendo las últimas paradas, me encontré con una nota de la que ya ni me acordaba, una de mis tonterías mientras volaba de Singapur a Hong Kong. El caso es que leyéndola me fui enganchando cada vez más y más, hasta el punto de que casi me teletransporte. A tal extremo llegó el delirio que por un momento llegué a oir: tininoninoni (entiéndase cortinilla de renfe) próxima parada, Koh Samui, next stop: Koh Samui. Y aquí comenzó la historia…

Ya llevamos 2 días en el sur de Tailandia y aún no me lo creo. Ya desde el avión se divisaban pequeños islotes, ni una mínima parte de lo que nos ibamos a encontrar al aterrizar. Koh Samui es un archipiélago de islas al sur de Tailandia en el mismo mar que baña Filipinas e Indonesia. Playas de postales, palmeras a pie de arena y un tiempo en el que solo se veían las nubes en la lejanía.

Al final decidimos cogernos un hostal en vez de un hotel, primera línea de playa en Chawang, una zona bastante turística. Pero como siempre me invade el espíritu aventurero, allí fui yo, una mañana del 3 de Febrero de 2009 a buscar la playa perdida o simplemente la Playa, ese sitio donde se rodo la pelicula de Leonardo DiCaprio. Andando durante 40 minutos me fui yo solo mientras mis compañeros resacosos dormían plácidamente. Los turistas iban quedando atras y al final cada vez menos hotel y más vegetación. Al fondo se divisaba una isla, parecía bastante lejana, así que monté mi campamento base en una lengua de arena mientras intentaba planear como llegar. Era una isla con una choza abandonada, una playa con palmeras que rozaban el agua y una gran jungla que coronaba su montana. Definitivamente tenía que ir allí. Me armé de paciencia, observé a varias personas que cruzaron, pero aun me quedaba la duda de si iba a mojar el iPhone y la cámara, pero que coño! bolsa de plastico y a tomar por culo. 25 minutos de larga travesia, peces de colores por todos sitios y la arena iba dando paso a los malditos corales, como pinchaban los jodios! Poco a poco los corales volvian a ser arena, señal de que ya estaba llegando a la orilla, la orilla de mi pequeno paraíso. Eran las 2 de la tarde y al fondo se divisiban los turistas, en la playa de enfrente, yo seguía en mi isla con la única sintonía de los monos maulladores que estaban isla adentro. Al cabo de una media hora vi más gente haciendo la ruta que yo hice para llegar aquí. Pense mierda, ¡se me acabo el rollo! Pero bueno, al menos era un grupo de tres chicas jóvenes y yo que tenía ganas de chachara, eso fue el ingrediente perfecto para iniciar una conversación. Eran australianas, cada una de una ciudad distinta, Melboune, Brisbane y Sidney; y entre coco, teta y cangrejo estuvimos casi una hora explorando la costa de la isla, isla diminuta pero que daba mucho juego. Al caer el sol llego la hora de despedirse, nos dimos facebooks, emails y toda la parafernalia y vuelta al hotel donde me esperaban ansiosos mis companeros de viaje, Aaron y Marc. Ducha, cena regada con vodka tonica y con la alegría metida en el cuerpo nos fuimos a indagar la otra jungla de la isla, la vida nocturna. Mucho baile, mucho alcohol, mucho tecno y muy poco rock and roll, simplemente mi paraíso, el sitio donde volveré algún día en mi vida, Koh Samui.


Desgraciadamente renfe me devolvió a la realidad, ni más bonita ni más fea que la de Koh Samui, simplemente distinta. Curiosamente, al final la isla no era en la que se rodó La Playa, esa era Koh Phi Phi en el mar de Andamán, pero la película sigue en mi cabeza.

Soñad bonito newyorkers

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